En
la historia del hombre, ningún otro invento ha ocasionado tantos como
el ordenador, que ha supuesto una verdadera revolución,
transformando toda la tecnología existente.
Aunque acaba de cumplir los cincuenta años de antigüedad, sin embargo,
en tan corto espacio de tiempo, ha invadido nuestro entorno, hasta el
punto en que hay muy pocas cosas que puedan prescindir de un
ordenador, desde comprar un billete de tren o de avión, realizar
operaciones bancarias, o hacer las compras en el supermercado de la
esquina. Además, los ordenadores están cambiando nuestras costumbres
hábitos, hasta el punto en que utilizamos los ordenadores como
diversión en nuestro tiempo libre, como afición y diversión.
La
evolución experimentada por los ordenadores es del tal índole, que
muchos autores lo comparan con las revoluciones anteriores. Hemos
sufrido una tremenda transformación, desde el inicio de la informática
donde se disponía de unas ruidosas y gigantescas calculadoras
mecánicas (usadas en esa época por contables). Estas máquinas
únicamente eran capaces de realizar las cuatro operaciones básicas (+,
-, *, /) y con lentitud, además disponían de muy poca memoria para
almacenar los datos que procesaban.
Los ordenadores actuales son muy distintos de aquellas gigantescas
máquinas. Los últimos modelos de ordenadores son silenciosos, capaces
de realizar más de 500 millones de instrucciones por segundo, y
almacenan en su memoria millones y millones de datos, además pueden
procesar cualquier tipo de problema, siempre que haya sido computado.
El
uso de los ordenadores en las tareas cotidianas ha llegado hasta tal
punto que sería impensable entender la sociedad actual sin su
existencia. Hasta llegar a los ordenadores tal y como los conocemos,
han tenido que evolucionar en función de las innovaciones tecnológicas
que se le iban aportando.

Un ordenador
se puede considerar como un sistema, cuyas salidas o resultados son
función de sus entradas, constituidas por datos e instrucciones.
