EL CABECICO DEL TESORO
Trabajo realizado por
Francisco Morales Rufete
y Sonia García Torres
2. INTRODUCCIÓN A LA
CULTURA IBÉRICA
3. LAS NECRÓPOLIS
Y LOS RITOS FUNERARIOS
4. LA
NECRÓPOLIS DEL CABECICO DEL TESORO
5.1 HISTORIA DE LA INVESTIGACIÓN
5.2 MAPA DE DISTRIBUCIÓN DE LOS YACIMIENTOS ÍBEROS DEL ÁREA DEL SEGURA
5. CONCLUSIONES
6. BIBLIOGRAFÍA
He elegido la necrópolis el Cabecico del Tesoro porque me parecía interesante. Lo primero que me llamó la atención fue ese nombre tan misterioso tras el que se esconde-nunca lo hubiera imaginado- un cementerio en el que han estado enterrados nuestros antepasados los íberos.
Los íberos fueron los primeros pobladores de nombre conocido de la actual Región de Murcia y estaban organizados en tribus, formando pequeños estados independientes unos de otros. Construían sus poblados en las colinas para organizar mejor su defensa. Eran agricultores y ganaderos además de trabajar el esparto y el lino para hacer tejidos y fabricar sus propias armas y utensilios.
Con este pequeño resumen y el posterior trabajo sobre la cultura ibérica queda demostrado que era una civilización bastante desarrollada.
El hecho de que esta necrópolis y el poblado ibérico estuvieran situados en el Verdolay, cerca de donde vivo, despertó en mí una gran curiosidad y el deseo de averiguar su historia.
Sonia García Torres
He elegido el trabajo sobre el Cabecico del Tesoro porque me parece una muy importante necrópolis ibérica.
Francisco Morales Bufete
2.-
INTRODUCCIÓN A LA CULTURA IBÉRICA
La cultura ibérica se desarrolla durante la segunda Edad del Hierro ( desde el 500 a de C. hasta la Romanización) por la influencia de pueblos colonizadores del Mediterráneo Oriental sobre las mismas poblaciones del Bronce Final de Andalucía, Murcia, Albacete, País Valenciano, Valle del Ebro, Cataluña y sur de Francia.
Estos pueblos extranjeros (fenicios primero y griegos y cartagineses más tarde) crearon factorías comerciales y colonias en las costas mediterráneas citadas por las fuentes clásicas, los fenicios al sur (Gañir o Cádiz, Malako o Málaga, Sexio o Almuñecar y Abdera o Adra); los griegos en levante: Rhode (Rosas ,Gerona) Emporiom (Ampurias, Gerona), Mainake (Málaga, junto a la fenicia), Hemeroscopeion (Denia, Alicante); los cartagineses en Cartago Nova (Cartagena) y Baleares (Ebussus, Ibiza).
Estos colonizadores trajeron a la península el uso de las monedas, la escritura, el torno de alfarero, el vidrio, el rito de incineración de los cadáveres, nuevos tipos de armas, adornos y técnicas artísticas.
Los historiadores griegos y romanos citan una serie de pueblos y tribus distintas, sin unidad política, pero con un régimen social, económico y cultural muy similar.
Los orígenes del pueblo íbero no están muy definidos, aunque en otras épocas muchos estudiosos se empeñaron en afirmar que estaba en Asia o África.
Los Íberos eran una gran etnia dividida en pueblos que habitaban la cuenca occidental del Mediterráneo. En realidad. Iberia nace de la imaginación de los autores griegos que así designaron las tierras situadas en los límites del mundo explorado: el Cáucaso por el nordeste e Iberia por occidente. En Iberia se acababa el mundo conocido, “las columnas de Hércules”, el paso del Mediterráneo hacia el océano, era el “finis térrea”, la parte de lo desconocido.
Los griegos llegaron con intención de comerciar con los íberos. Fundaron Marsella (600 a de C) y desde allí se establecieron, veinticinco años después en Ampurias. Al sur de la península llegaron los fenicios hacia el 900 a de C, donde estaba el reino de Tartessos (Huelva), apreciado por sus riquezas.
Los tartesos fueron la primera sociedad organizada den la península ibérica. Tenían, a través del Guadalquivir, una unión con las sociedades ibéricas desde el Guadalquivir hasta el sur de Francia. La relación entre los indígenas de la península y los comerciantes fenicios y griegos sitúa la cultura ibérica en la Edad del Hierro Europea, caracterizada por el conocimiento de los metales, la creación de sociedades jerarquizadas y la organización de su territorio.
Los poblados íberos
El poblado es equiparable a la polis clásica y como ella posee una entidad política, unas normas, unos compromisos y un espacio vital en torno a ella que permite su desarrollo económico.
Las poblaciones más pequeñas dependen de los compromisos de las ciudades más grandes, manteniendo vínculos económicos y políticos. La estructura política de la sociedad ibérica sufre una gran fragilidad.
Los núcleos político-sociales ibéricos carecen de un ejército estable, por lo que sus acciones defensivas u ofensivas las va a llevar a cabo mediante la improvisación de un grupo armado al mando de los representantes de las familias dominantes. La ciudad ibérica carece también de controles internos de tipo policial. El cumplimiento de las normas y hábitos está salvaguardado por representantes de las oligarquías familiares.
Los poblados ibéricos, a modo de pequeños municipios y con un núcleo urbano y a veces sus pequeñas aldeas o caseríos debieron tener problemas de límites, de pastos, actitudes prepotentes e incluso de infracciones de tratados y acuerdos. Las catástrofes naturales junto con las invasiones de su territorio son los motivos que van a originar la unión de distintos poblados frente al enemigo en el afán de sobrevivir. La sociedad ibérica, tan original y poderosa desde el punto de vista tecnológico, artístico y hasta económico es una sociedad políticamente frágil, débil y tradicionalmente receptiva, es decir, que durante centurias se ha habituado a la presencia de estímulos comerciales exteriores.
Los íberos van a servir de instrumento para las aspiraciones no sólo comerciales sino también militares mediante los mercenarios y enfrentamientos de unas regiones con otras para estos visitantes.

Yacimiento ibérico de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla)
La sociedad
Los poblados se solían situar en lugares altos y los protegían
con murallas. Las casas se alineaban en calles estrechas, adaptándose al
terreno Las casas, construidas en toba o mampostería. eran
pequeñas, de una a tres habitaciones y con un almacén subterráneo La cerámica era de uso
cotidiano y las grandes vasijas servían para el almacenamiento doméstico o
comercial Las mujeres tejían, cocinaban y ayudaban en las faenas
agrícolas Los tejidos de lino de los íberos eran muy apreciados Lanza. De dos a tres metros de largo. Falcata Espada corta con la empuñadura en forma de cabeza de
animal Las armas utilizadas eran: falcatas, lanzas y escudos Los hombres se
dedicaban a luchar. Su indumentaria era muy variada. Generalmente se vestían
con una túnica corta ceñida y un cinturón de hebilla grande Actividad comercial intensa. Son el primer pueblo de la
península que acuña monedas LA VIDA COTIDIANA DE LOS ÍBEROS

La estructura de la sociedad ibérica tiene un origen caballeresco. Prácticamente ignoramos los esquemas ideales de esa sociedad, pero tenemos en cambio representaciones en relieves y sobre todo en las pinturas sobre recipientes cerámicos que reflejan esta sociedad caballeresca.
Se refleja una sociedad patriarcal, asentando de este modo los patrones que pervivirán durante muchos siglos. De los poblados se deducen unas claras diferencias sociales de las que son claro exponente las viviendas. Algunas de ellas se limitan solamente a una habitación mientras que otras tienen una mayor amplitud, distintas salas, suelos empedrados, almacenes, molinos y otros útiles. Se observan también diferencias muy importantes en el ajuar de las tumbas. Unas tienen únicamente una pobre urna de incineración sin objeto alguno que la acompañe mientras que otras como las de los jefes locales, tienen la urna de incineración junto a sus espadas, lanzas, cascos, atalajes de caballo y a veces hasta con restos de sus carros.
El sentido de responsabilidad ante los compromisos contraídos es sagrado para los íberos; es lo que los clásicos denominan la “fides iberica”. Esta “fides” es algo común a otros muchos pueblos y culturas; lo tenían los galos, los germanos o los tracios. Los romanos reparan en ello porque les resultaba ventajoso negociar con los íberos comprometiéndolos en empresas merced a sus juramentos de fidelidad que sabían que harían todo lo posible por cumplir.
La “Devotio de los solduri” está relacionada también con este purificado sentido de la fidelidad a la palabra dada.
Los pobladores alcanzan un mayor nivel de vida. Ante la demanda colonial, la artesanía se desarrolló dando un especial relieve a ciertas profesiones especializadas.
El papel fundamental de la mujer en la sociedad ibérica se ve reflejado en la representación escultórica y pintada de damas entronizadas o en actitud dominante como mujer nutricia, madre, con sus cualidades reproductoras y proveedoras de alimento. Los cuidados y valiosos ajuares femeninos ponen de manifiesto el valor social con que cuenta la mujer ibérica. Esta mujer está referida también en los textos clásicos grecorromanos como hábil tejedora y poseedora de gran habilidad. Las tareas femeninas son el control de la vida cotidiana y del hogar, llevar a cabo las actividades domésticas y las tareas artesanales, alimentar y cuidar a los hijos y por último controlar la comercialización de producciones y manufacturas de procedencia doméstica.
En una sociedad en la que las actividades agropecuarias y agrícolas alejan al varón mucho tiempo del núcleo doméstico, la importancia de la mujer se potencia considerablemente.

Pebeteros o quemadores de perfumes, reproducciones de cabezas femeninas en terracota, tocadas con stephanos o kalathos, presentes en el mundo ibérico en contacto con el orientalizante, predominantemente griego.
La economía evoluciona considerablemente. Se habían puesto en cultivo el olivo, la vid y los cereales, en especial el trigo y la cebada. Por influjo colonial se va a potenciar y extender este tipo de producción típico y básico de la dieta de las culturas mediterráneas.
La agricultura ibérica alcanza enormes producciones de estos vegetales que cubren las necesidades alimentarias de las grandes masas de trabajadores de las industrias litorales de la región de Murcia. Gran cantidad de cereal y vino partía por vía marítima hacia el Mediterráneo Central.
El consumo y el volumen exportado debieron ser importantes. En poblaciones del interior como Coimbra del Barranco ancho, en Jumilla, han aparecido restos de ánforas, de vino importadas de las ciudades griegas, lo que indica que era un área excepcional dotada para la producción vitivinícola con vinos exóticos. Adquiere gran relevancia en esta etapa el esparto. Este producto les era desconocido y encuentran en él un excepcional sustituto del lino, del papiro y de otra serie de fibras de difícil obtención o de bajo rendimiento.
Se arrancaba el esparto enrollándolo a un clavo o barra de madera dura o hueso, se le secaba en haces, pasaba a los cocederos o balsas donde el proceso de putrefacción iba a macerar la fibra textil ya eliminar en gran parte la materia vegetal. El posterior batido de las hojas o picado iba a dar por concluido el proceso. Significó una auténtica adquisición para la industria mediterránea en especial para la náutica, se utilizó para estopado de cascos, cordajes, esteras y velas.
La madera representa un producto importante dentro de las economía ibérica, La madera para construcción, carpintería de vivienda y carpintería de rivera debió abastecer con maderas procedentes e los bosques del área septentrional de la cuenca del Segura que originaron en la sierra del mismo nombre en peculiar tipo de poblados ibéricos de economía eminentemente forestal y lanera.
La ganadería alcanza un fuerte desarrollo. La carne de cerdo y de ovicápridos se consume, La industria lanera de pieles y zamarras de cordero y sobre todo de pellejos y odres, envase ideal para contener vinos y aceites, adquiere especial relieve; el ganado caballar, la miel y la cera van a exigir de las poblaciones ibéricas una explotación ordenada de las abejas y su domesticación. El panal cilíndrico hecho de paja trabada con cuerdas de esparto se generaliza en los valles de la región y la miel, único edulcorante concentrado conocido en el Mediterráneo en la antigüedad, la cera prensada y en bruto, debió pasar directamente a las factorías coloniales donde los fabricantes fenicio-púnicos conocían sofisticados procesos para su decantación.
Las resinas vegetales coníferas eran utilizadas en la prehistoria como adhesivos, impermeabilizantes y protectores. La industria de astilleros y la infraestructura minera va a exigir este fundamental producto. La producción de pez, breas y miera. Estopados, pinturas de protección, precintos de envases y baños para los cordajes tenían como aglutinantes y protectores estos productos extraídos de la resina. Odres y envases de esparto eran igualmente tapizados en su interior con pez. En medicina humana y animal la miera o pez de enebro tuvo un gran valor comercial.
La industria textil autóctona se potencia considerablemente. Se tejen las lanas con las que confeccionar los clásicos “saqum”. También los tejidos finos tuvieron gran importancia. Es de destacar la gran calidad y el aspecto suntuoso que tienen los vestidos femeninos que están representados en estatuas de piedra, exvotos de bronce y pintados sobre cerámica.
2.4 MINERÍA
Y METALURGIA
La industria minero-metalúrgica más importante del Mediterráneo Occidental se halla ubicada en el sureste con dos focos fundamentales: la cadena montañosa litoral, de Cabo de Palos a Villaricos y el área de Cástulo. En la Región de Murcia, la zona minera fundamental se halla en el área de Cartago.
Se trabaja abundantemente el hierro, sobre todo aprovechando metal amortizado y más fácil de trabajar en forja y lingotes de plomo.
Hay un gran tráfico de planchas y lingotes de plomo. Este metal, que los romanos exportaron posteriormente en forma de lingotes a todo el Mediterráneo, debió ser en época fenicio-púnica un producto metálico excedentario. El plomo de las factorías parece haberse convertido en un producto comercial fenicio-púnico barato para intercambiar con los íberos que lo utilizaban generosamente dentro de las limitadas posibilidades que sus cualidades metálicas y la tecnología imperante permitían. La presencia de buhoneros metalúrgicos favoreció la difusión de armas, herramientas, útiles y objetos de adorno metálicos.
Era permanente la presencia en los grandes santuarios donde la continua demanda de exvotos metálicos y otros objetos permitía una actividad sedentaria permanente la instalación de un pequeño horno de fundición con toberas cerámicas y fuelles y la provisional instalación del reducido taller era suficiente.
Ciertas piezas excepcionales por su técnica y belleza como las falcatas nieladas y damasquinadas o bronces de cuidado estilo procediesen de otros talleres pero los productos metálicos convencionales se debían fabricar por este sistema.
Una depurada técnica metalúrgica y unos cuidados procesos posteriores hacen que los objetos metálicos, especialmente las armas, estén equiparados y en algunos casos superen a los fabricantes en los centros fabriles más importantes como Tiro, Cartago o Atenas. Las técnicas de fabricación de bronce y metales preciosos alcanzan un alto nivel.

Pendiente de oro hallado en la superficie de la necrópolis de Los Nietos (Murcia).
El comercio greco-fenicio va a influir en los contextos culturales ibéricos de sus propias pesas y medidas.
Los primeros ponderales conocidos responden a patrones orientales. En el tránsito de los siglos V al IV a de C. adquieren gran difusión los griegos hasta que la irrupción de los romanos impondrá su metrología. Los ponderales ibéricos suelen ser troncocónicos y con un orificio central para ensartarlos. Fabricados en bronce, llevan una marca indicativa o marcas de limado en los bordes.
La evolución de la moneda está en función de las exigencias comerciales y del valor del intercambio. Se desarrolla a partir de las primeras acuñaciones griegas de Ampurias a mediados del S.V ya de las llevadas a cabo en Gádir y otras instalaciones coloniales meridionales por los fenicios.

Moneda ibércia
Las armas ibéricas representan la máxima expresión de las técnicas metálicas.
La región de Murcia junto a Andalucía Oriental o Turdetania poseen los conjuntos más abundantes y mejores de armas fabricadas en este periodo cultural.
Los íberos fabrican sus armas con una cuidad técnica pero también con un especial capricho. Son “piezas de encargo” en las que se observa la perfección de líneas, el acabado cuidadoso y lo minucioso de su decoración.
Entre la variada gama de armas, los íberos van a reducir su panoplia a dos tipos fundamentales: el sable corto o falcata y un arma arrojadiza o falarica con asta de madera o toda de hierro, el solliferreum.
La falcata, la ensis como la llaman los legionarios romanos, es el arma ibérica por excelencia. Está hecha de una sola pieza, el puño en arco y la hoja, más ancha y pesada en su segunda mitad, hecha para golpear con un filo. Se fabricaba mediante martillado y batido en la fragua. Se inicia con este tipo de piezas la técnica de fabricar las hojas de sable mediante distintas capas superpuestas, un alma de hierro dulce en el centro y dos tejas cubriéndola. Fueron utilizadas por las poblaciones de Irán y de Anatolia desde donde pudieron recorrer el Mediterráneo hasta nuestras costas. Perviven sables cortos similares a la falcata entre montañeses de Nepal, Pakistán, Irán, Turquía y Grecia. Ningún otro pueblo logró fabricar hasta ese momento un arma tan idónea y contundente como la falcata ibérica.
Los íberos no utilizaron el arco y la flecha siendo su arma a distancia la jabalina o falárica. Es un arma corta, con una hoja larga y estrecha, con nervadura central y largo tubo de enmangue con anillo de cobre. Llevaban dos o tres faláricas cuando luchaban a pie o a caballo.
El silliferreum era un arma arrojadiza muy original consistente en una fina barra de hierro templado finamente trabajado. Mucho más pesado que la falárica, el solliferreum se utilizaba también como arma arrojadiza y llamó la atención de los ejércitos extranjeros por su peculiar factura y fabricación.

Armamento ibérico. Casco, falcata y punta de lanza. Cabecico del Tesoro.

Puntas de lanza ibéricas. Cabecico del Tesoro.

Armamento ibérico de la necrópolis del Cabecico del Tesoro
Derivada de la escritura meridional tartésica, merced a la presencia fenicia, se escribía ordinariamente de izquierda a derecha. Era semisilábica y constaba de cinco vocales. Sus signos son muy parecidos a los del ámbito cultural del Mediterráneo de ese periodo. Se han trascrito y se pueden leer perfectamente gracias a los textos bilingües pero no se ha conseguido aún una traducción comúnmente aceptada de los textos ibéricos. A partir del S. V a.C. la cultura ibérica adquiere un notable protagonismo cultural. Esta cultura en la región de Murcia se halla incluida en el área clave de las influencias meridionales, levantinas y meseteñas.

Estela de Sinarcas (S.I a.C.) con caracteres íberos que no han podido ser descifrados.
Se encuentra en el Museo de Prehistoria de Valencia.
La cultura ibérica se desarrolló desde el S.VII a C. hasta bastante avanzada la dominación romana.
Se trató de una original cultura cuyo legado artístico sólo fue valorado justamente a finales del siglo pasado; siendo su momento culminante el descubrimiento efectuado por unos labradores en 1897 en la Alcudia de Elche de un extraordinario busto femenino que pasará a la Historia del Arte como “La Dama de Elche”. La cultura ibérica alcanzó su mayor plenitud entre los siglos V al II a.C.; y a estos siglos corresponden las creaciones artísticas más importantes que abarcan arquitectura en piedra, con sepulcros monumentales, divinidades y exvotos antropomorfos en piedra y bronce, cerámica ricamente pintada, lujosa orfebrería e inscripciones de largos textos escritos en la todavía indescifrable lengua ibérica.
Las ciudades ibéricas se asientan sobre montículos elevados, fácilmente defendibles y situados en lugares bien comunicados y con buenas posibilidades económicas (minerales, suelos ricos para el cultivo). Por ello el trazado de sus calles se adapta ala topografía con casas de planta rectangular con varias habitaciones. Todo el recinto urbano estaba a su vez rodeado de murallas ciclópeas, es decir, hechas con enormes bloques de piedra, generalmente superpuestos o colocados sin ningún material de unión, como se puede apreciar en Cosse (Tarragona), Osce (Sagunto) o La Serreta de Alcoy. Sin embargo Illice (La Alcudia de Elche) estaba en llano, protegida por fosos.
Mayor interés artístico presentan los monumentos funerarios donde se colocaban las urnas cinerarias, como los de Tütugi (Galera, Granada), gran túmulo con corredor y cámara funeraria cuadrada con pilar central o el de Tugia (Peal del Becerro, Jaén) de sillería; tres naves y hornacinas para las urnas. El monumento de Pozo Moro (Albacete) posiblemente se trate de un templo con sillares e interesantes relieves, reconstruido en el Museo Arqueológico Nacional.
Son muy abundantes y variadas las muestras escultóricas ibéricas, pero todas reflejan rasgos propios de arcaísmo: hieratismo, frontalidad, simetría, pliegues rígidos en zig-zag, modelado esquemático…
Para su clasificación se pueden seguir dos criterios:
• Según el material en que están hechos: piedra caliza, barro cocido o bronce (técnica de la cera perdida)
• Según la finalidad: votiva para ofrendar en los santuarios o funeraria para colocar en las necrópolis o en las tumbas.
Escultura de los santuarios
Se trata de exvotos muy diversos que se depositan en lugares sagrados para los íberos, normalmente en zonas boscosas y con manantiales, sin templo o monumento importante para guardarlas. Periódicamente el santón o custodio del lugar lo despejaba, arrojando las imágenes en un vertedero.
En piedra. El conjunto primero conocido y más interesante se encontró en el Santuario del Cerro de los Santos de Montealegre del Castillo (Albacete). Se trata de figuras femeninas o masculinas de gran tamaño, e incluso parejas y cabezas aisladas, siendo la pieza más notable la Gran Dama Oferente, de pie, cuerpo entero y bellamente engalanada, portando un vaso en las manos. Del mismo tipo son las del Llano de la Consolación, vecino del anterior.
Un claro ejemplo es el Cigarralero de Mula (Murcia) en el que se veneró a una divinidad protectora de caballos.

Exvoto con vaso ritual (Museo de
Albacete; MAN nº inv. 7694).
En bronce: Las esculturillas están muy estilizadas y presentan desproporciones anatómicas. Representan a mujeres, guerreros, jinetes. Son de pequeño tamaño por utilizar la técnica de la cera perdida; la mayoría en actitud oferente o suplicante, con gran variedad de atuendos, aunque también las hay desnudas. Se han encontrado en los santuarios de Sierra Morena (Collado de los Jardines y Castillar de Santisteban, ambos en la provincia de Jaén) y en el Santuario de La Luz (Murcia).

Exvoto de bronce hecho con la técnica de la cera perdida de Collado de los Jardines (Jaén).
El barro cocido es el material en que están realizados los exvotos del Santuario de la Serreta de Alcoy, representando figuras solas o en grupo. También de pequeño tamaño y las cabezas femeninas peinadas con raya en el centro. Están hechas con molde, son huecas y con perforaciones en la parte superior de la cabeza para quemar perfumes. Se las relaciona con el culto de Demeter, tan extendido por todo el Mediterráneo. La falta de metal en el País Valenciano explica el uso de arcilla en su lugar.

Exvoto ibérico. Caballito de la Fortuna. El Cigarralero (Mula)

Exvoto de terracota femenino. La Serreta. Alcoy
Esculturas con función funeraria
Son muy escasas las encontradas “in situ”, exceptuando el caso de la Dama de Baza y el de la Dama de Elche.
La escultura funeraria ibérica no se limita a las famosas damas, sino que tiene un amplio capítulo en las representaciones de animales fantásticos que custodiaban las necrópolis relacionadas con sus explicaciones míticas de vida y la muerte.
Subdividiremos este capítulo en dos apartados: representaciones humanas y esculturas de animales
En el primer grupo están dos de las obras más populares del arte ibérico: La Dama de Elche y la Dama de Baza.
La Dama de Elche fue encontrada fortuitamente en 1897 cuando se realizaban labores de desmonte en el paraje de La Alcudia, donde estaba ubicada la ciudad ibérica y romana de Illice mencionada por las fuentes clásicas y en parte excavada y estudiada a partir de entonces. Transportada a Elche, fue reconocida popularmente como la Reina Mora hasta que el arqueólogo francés Pierre Paris la compró para el Mueso del Louvre en donde estuvo expuesta hasta que se canjeó por obras del Museo del Prado, cuyos fondos pasó a engrosar. Actualmente se exhibe en el Arqueológico Nacional, juntamente con la Dama de Baza, la Dama oferente del Cerro de los Santos, el monumento de Pozo Moro, etc.
La Dama de Baza fue descubierta más recientemente (1970) en una tumba de cámara junto con vasijas y ajuar propio de un guerrero, que permitió fecharla en el S.IV a.C. .Está hecha en caliza grisácea y representa a una mujer sentada en un trono. La superficie de la pieza estaba estucada en colores azul, rojo, marrón y negro aglutinados con yeso. El trono tiene largas alas en el respaldo y está perforado en su lado derecho para colocar las cenizas del difunto. Sus patas delanteras son garras de animal. El rostro es de facciones algo toscas, apreciándose el pelo negro que cubre con cofia o tiara y manto. Viste una túnica azul con cenefa inferior sobre la cual cae el gran manto abierto por delante, formando pliegues convencionales en zig-zag. Va ricamente engalanada con grandes pendientes, cuatro gargantillas y cinco colgantes, más otro segundo con tres piezas de forma acorazonada. Sostiene en la mano un pichón azul.
Otro capítulo de la escultura funeraria es la zoomorfa; algunas de ellas conocidas popularmente con el nombre de “bichas” por tratarse de animales quiméricos, antropomórficos, como la Bicha de Bazalote (Albacete). Son los mismos tipos animalísticos estudiados en oriente de donde procede la idea. Se les atribuía cierto carácter sagrado; protectores del hombre y de los muertos. SU modelado es muy sumario y esquemático. Han aparecido innumerables piezas en el sector ibérico meridional.
• En la provincia de Alicante: el Toro de Monforte del Cid, la Esfinge de Agost, el Grifo de la Alcudia de Elche, el Griego de Redován…
• En el área andaluza: El León de Baena (Córdoba), el Toro de Porcuna (Jaén), el León de Huelma (Jaén)…
Los relieves ibéricos: son también muy numerosos e interesantes; se trata de bajorrelieves. La mayoría forman parte de monumentos funerarios; concebidos como cipos o cuerpos prismáticos con las cuatro caras esculpidas como el cipo de los jinetes de Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia) o sillares de ángulo con relieves en dos caras contiguas como el de la tañedora de flauta de Osuna (Sevilla).
Es
la obra más universal de la cultura ibérica. La Dama, como toda “prima
dona” es una figura difícil, única, polémica e idolatrada. Además de haber
un sensacionalismo en torno a su imagen y a su significado. Divinidad
o ser humano, urna cineraria, escultura estante o sedente, hombre o mujer,
embrujo de Oriente, símbolo de la España una y grande, son tan
contradictorias las lecturas para las que ha servido que, hasta cierto
punto, el escándalo de la falsificación no es más que lo que le faltaba
para completar su currículo

La dama de Elche

La Dama de Baza.



Dama oferente del Cerro de los Santos



Toro de Osuna

Bicha de Coy (Lorca)
La cerámica es uno de los elementos más significativos de la cultura ibérica. El envase para los distintos productos: tela, esparto, mimbre, odres etc. va a desarrollarse considerablemente pero en especial lo hará y sobre todo pervivirá hasta nosotros la cerámica, el barro cocido.
Los fenicios aportaron a esta cultura los molinos rotatorios de cereal; los tornos de alfarero. Es un ingenio ideal para hacer recipientes de igual tamaño.
Los hornos en que se cuece esta cerámica son de cocción oxidante, lo que proporciona unas piezas con un acabado de color rosa anaranjado, característico de las cerámicas ibéricas muy resistentes.
Las cerámicas ibéricas de tipo común alcanzan tal perfección técnica y formal que podemos equipararlas con las de los mejores alfares del Mediterráneo En la cerámica ibérica se halla un conjunto de formas que imitan a las vasijas fenicias, griegas, etruscas y del interior de la península. Un grupo característico lo integran las piezas de cerámica fina, decorada con pintura que podemos denominar de vajilla. La componen escudillas, platos, fuentes, tazones y jarras. Son de pasta anaranjada y textura fina.
Se denomina con el nombre de cerámica de cocina a los recipientes que son sometidos a la acción del fuego en los procesos de cocción de alimentos. Evocan formas de pucheros sin asas y fabricados con una pasta distinta compuesta por un degrasante arenoso mezclado. Su color es gris negruzco. Los recipientes de gran tamaño se pueden calificar como cerámica de almacenamiento. Son características las formas de olla globular de boca estrecha y los recipientes con boca ancha, como el krateriskos. En este conjunto están incluidas las ánforas ibéricas con su cuerpo casi ovoide, su estrecha boca sin cuello y sus minúsculas asas. Las utilizaban para conservar los vinos, el aceite, el perfume y otros productos.
El tipo de decoración que llevan a cabo sobre la cerámica de vajilla y almacenamiento es muy característico por la técnica empleada. Se pintan en color rojo hematites, en negro violáceo de manganeso y en blanco ocasionalmente.
Generalmente se pintan antes de la cocción del recipiente con lo que se evita que los colores se borren con el lavado. La pintura se aplica clocando el recipiente seco en el torno y se pinta con pincel y compás múltiple.
Las piezas dedicadas a los ritos funerarios de incineración son excepcionales.
Se distinguen tres estilos o periodos:
Ibérico I o Ibérico Antiguo (siglos VI al IV a.C.) con temas geométricos, al principio bandas o filetes paralelos, para lo que bastaba colocar el pincel con pintura y hacer girar el torno, después círculos y semicírculos concéntricos, zig-zag etc. Utilizan la técnica del pincel múltiple o a peine. Estos tipos decorativos son muy frecuentes en los poblados andaluces y murcianos.
Ibérico II (siglos III al I a.C.) se distinguen dos estilos:
· Estilo simbólico, llamado también Elche-Archena, con figuras de gran tamaño, mezcladas con temas botánicos, sin llegar a formar escenas: el águila con las alas desplegadas que podría simbolizar la vida, el carnicero que representa la muerte, las figuras femeninas aladas…Se trata de un arte hierático, de buena calidad cuya área de difusión es reducida ocupando la parte meridional del País Valenciano y algunas comarcas de la región Murciana. Dos importantes yacimientos (La Alcudia de Elche y el Cabezo del Tío Pío en Archena). También pertenece a este estilo la cerámica ibérica encontrada en la necrópolis del “Cabecico del Tesoro” (La Alberca, Murcia).
· Estilo narrativo o Liria –Oliva.- las figuras forman escenas muy variadas: de caza, de guerra, hombres a caballo…Son de menor tamaño que en el estilo anterior, bastante estilizadas y desproporcionadas. El nombre que esas dos localidades valencianas dan al estilo indica la importancia en esta comunidad, aunque también se extiende por el Valle del Ebro.
Ibérico III o Ibero romano, propio de aquellos lugares romanizados donde la cerámica ibérica convive con la “terra sigillata” romana sin ser desplazada por ésta. Se caracteriza por volver a los temas geométricos y vegetales esquemáticos.

PERFILES DE LAS FORMAS MÁS USUALES DE LA CERÁMICA IBÉRICA CON DECORACIÓN GEOMÉTRICA

Cerámica ibérica. Embudo y filtro colador para miel y oinochoe (Jumilla)

Vaso cerámico con decoración estampillada. Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla). Museo Arqueológico J. Molina (Jumilla)

Vaso con águila

Urna de Orejetas

Vaso del Cabecico del Tesoro
4 LAS
NECRÓPOLIS Y LOS RITOS FUENRARIOS
La cultura ibérica se caracteriza por el desarrollo sistemático de espacios destinados a la deposición de los difuntos que forman auténticos cementerios. La necrópolis se suma así al poblado como elemento formador del paisaje y lugar de alto valor simbólico y social.
La importancia que se da en época ibérica al ritual funerario se refleja en la extensión de las necrópolis, en la monumentalidad de las sepulturas y en la riqueza de los ajuares que acompañan a los difuntos.
El principio de este tipo de expresiones funerarias está relacionada con el nacimiento de una nobleza que expresa en gran medida su privilegiada posición a través de las sepulturas y de los ajuares, una costumbre que se extiende progresivamente a una gran parte de la sociedad.
El registro funerario se convierte en un elemento fundamental para el conocimiento de la cultura ibérica.
Los cementerios ibéricos están relacionados directamente con el poblado del que dependen, con la posibilidad de que haya varios recintos funerarios vinculados a un mismo asentamiento.
La fosa de incineración queda llena con su urna tapada y los restos del ajuar mezclados con cenizas y carbones. Todo ello se cubre con una capa de barro precintándolo.
En la época ibérica plena es usual el colocar sobre la tumba de incineración una estructura de piedras y barro a modo de túmulo.
Las tumbas de incineración debían tener sobre ellas una estructura monumental más o menos voluminosa, modestas construcciones hechas de piedra y barro y revestidas de barro claro o como máximo de yeso mezclado con barro.
La acción del tiempo y el empleo generalizado de materiales tan perecederos así como el deseo de lucro de profanadores de tumbas en la búsqueda de los objetos depositados en ellas fue lo que debió originar considerables destrucciones.
En las necrópolis solían existir monumentos funerarios cuya estructura arquitectónica son los escalones, la estela y el coronamiento de la misma. Hay otros elementos muy interesantes en el monumento, sobre todo una serie de esculturas de bulto redondo y de complicado significado en este mundo simbólico de la región ibérica de ultratumba. En primer lugar aparecen unas esculturas exentas de animales de considerable tamaño, que representan las figuras del toro, el león y la esfinge, labrados por lo general en calizas. Su talla es menos cuidada y a veces tosca y frecuentemente se muestran inacabados. La talla no afecta a todo el volumen de la escultura y se apoya en un elemento arquitectónico presentado en una visión frontal. Se puede citar como ejemplo el monumento femenino de Coimbra del Barranco Ancho en Jumilla: “el Cipo de los jinetes”
El toro y el león como esfinge son símbolos defensores o guardianes de la paz, del orden y la custodia de un recinto o lugar sagrado.

Estela funeraria de los jinetes. Coimbra del Barranco Ancho, Jumilla.
Las sociedades autóctonas ibéricas se han visto afectadas por la doble influencia de los pueblos del Mediterráneo y las corrientes culturales procedentes de Centro Europa. Estas influencias van a afectar también a la vida religiosa en sus dos aspectos fundamentales, el de la vida trascendente o de ultratumba y el de las peticiones y ruegos cotidianos a la deidad proveedora para que remedie necesidades y males.
La concepción del más allá adquiere unas características especiales imponiendo unos ritos funerarios, los de incineración. Hay vestigios de estas prácticas incineradoras en el Eneolítico y a finales de la Edad del Bronce ya es frecuente la incineración de restos y la colocación de las cenizas en su recipiente o urna.
La influencia de los campos de urnas centroeuropeos va a extenderse a las culturas occidentales generalizando los ritos típicos. En plena época ibérica el ritual llega a su fase álgida.
El cuerpo va a ser destruido, purificado y el humo va a ascender al cielo.
El ritual de cremación se realiza en la necrópolis o poblado.
El difunto era portado en una camilla al área de necrópolis, adornado de sus mejores vestidos. Deudos, familiares y vecinos debieron integrar un cortejo. Este ceremonial está relacionado con un banquete funerario.
Fueron típicas las danzas y cantos de marcado carácter épico. En la mayor parte de las pinturas en urnas se representan danzas de guerreros, carros de damas y luchas entre varones de este tipo de ritos fúnebres.
Consumida la hoguera se apagaba con agua en forma ritual.
La urna se depositaba en una pequeña fosa colocándole una tapadera.
Se pueden hallar falcatas, lanzas, clavos y abrazaderas procedentes de la combustión de escudos, botones, hebillas…
Las tumbas femeninas son reconocibles y diferenciables por el contexto de su ajuar simbólico. Están presentes los pequeños recipientes de ungüentos y afeites propios de la moda, los elementos representativos de la artesanía textil.

Braserillo ritual hallado en la necrópolis del Cabecico del Tesoro.

Enterramiento de la necrópolis de El Cigarralero (Mula).
Podemos observar el kálatos en el centro que contiene los restos incinerados y
pequeños recipientes del ajuar; a la derecha un ungüentario de ascendenci